Se acabó el extraño, con quien, tarde
la noche, regresabas parla y parla.
Ya no habrá quien me aguarde,
dispuesto mi lugar, bueno lo malo.
Se acabó la calurosa tarde;
tu gran bahía y tu clamor; la charla,
con tu madre acabada
que nos brindaba un té lleno de tarde.
Se acabó todo al fin: las vacaciones,
tu obediencia de pechos, tu manera
de pedirme que no me vaya fuera.
Y se acabó el diminutivo, para
mi mayoría en el dolor sin fin
y nuestro haber nacido así sin causa.
si.
ResponderEliminarsi gina.
te leo.
(también soy enamoradiza, y me gusta leer en voz alta. también me imagino historias antes de dormir. sacar fotos.que llueva y haga frio)
: )
Acertada descripción, amiga.
ResponderEliminarY sí, donde hay gatos hay una tercera dimensión. La experiencia lo revela.
Te quiero.